Un póster profundo que captura la mansedumbre y la gracia de Cristo, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. La delicada ilustración del cordero dormido transmite paz, pureza y seguridad, recordándonos el amor infinito con el que Dios se acerca a nosotros.
El texto de Juan 1:29–34 complementa perfectamente la imagen, transformando este póster en una decoración significativa, adecuada para cualquier hogar cristiano, para la habitación de los niños, para un rincón de oración o como un regalo verdaderamente especial. Un póster que toca el corazón y habla de esperanza, salvación y la presencia reconfortante de Jesús.